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» La subcultura urbana de la plantilla y el spray

Es de noche cuando flitan. De noche emboscados en su propia sombra, abrazados con ingenuo frenesí al perenne árbol del ensueño, errabundos cazadores de bar y litrona. Es de noche cuando crean, poetas de un nuevo romanticismo que ni ellos mismos aceptan, jóvenes salvajes cuya pulcritud más bien habla de bienestar y regalo. De noche, ebrios de ilegalidad y aventuras es cuando flitan.

no t'hi matis ...tornaré, TrepaxParedes, puertas, verjas, vestíbulos, columnas. No dejan un centímetro de la ciudad sin flitar, sin pintar, sin firmar, porque la suya es una pintura, ¿pintura?, ideográfica, de puro significado, de pura comunicación. Pintar, firmar, hacerse presente, gritar, en fin, a los cuatro vientos su existencia, su realidad. Una realidad que por cierto es colectiva, o cuando menos predominantemente colectiva, años estos de regresos de las pandillas, de renovado triunfo de las bandas de iniciados. Y al fondo, como de costumbre, modelos, usos y patrones de comportamiento anhelados, entre cultura hip-hop y la postmodernidad, más París que New York, y mucho rock, mucho inglés, mucho cómic. Últimos héroes del mural y el pasquín, hijos lejanos de la pintada, seguidores incondicionales del spot, son los reyes del spray y la plantilla.

El spray, el botellón de pintura al aerosol, es su arma arrojadiza, su grito, su melancolía, y con spray pintan, flitan, dicen pintura, ¿pintura? La plantilla es su seguridad, su pasado, su arte, estudiantes muchos de ellos de pintura, de dibujo, de diseño. Spray, plantilla flitar, graffiti, rock, rebeldía, noche, ¿arte?, éstos son los límites de un movimiento, de una actitud, de una generación, cuya capital en Barcelona es el barrio de Gràcia, justamente el barrio de Gràcia.

Chiruquero, tradicional, catalán hasta la médula, antigua villa independiente que aún sigue persistiendo en su vocación pueblerina. Gràcia es nova cançó, y entoldado, y fiesta mayor, y excursionismo, y centro parroquial, y señores de camiseta imperio en tardes bochornosas de verano, y colmados con abuelitas temblorosas y hoja parroquial, y hornos de tradicionales cocas de arenque y pimiento morrón, y catalanidad independentista, y Barça. Pues bien, en esta Gràcia tan nuestra, tan de siempre, tan catalana, es donde ha explotado el mundo, el submundo de la plantilla y el spray, la subcultura urbana de la flitada. Estaciones de Metro aparte, claro está. Y no hace mucho de ello, tal vez un año, tal vez algo más. Gràcia, pues, la capital barcelonesa del nuevo graffiti, elaborado, cuidadoso, esteticista, artístico, un graffiti de plantilla y diseño que, no obstante su carácter internacionalista, universalista, está bien enraizado en el barrio, en el espíritu del barrio. Así, los hay en inglés, muchos, y también en castellano, bastantes, pero también abundan las inscripciones en catalán, y quizás sorprendentemente correctas. Porque ésta es una de las constantes del movimiento: su relativa calidad. En todos los aspectos y niveles, gráficos, técnicos, o léxicos, podrá haber jugueteo y errores, pero el promedio final es de una encomiable calidad, de una curiosa corrección. Que no se puede calificar de otra manera que pintadas con todas las comas, puntos y acentos bien puestos.

Plantillas en un entorno de graffiti a mano alzada al spray, al rotulador, al bolígrafo, a la tiza, incluso a la brocha, flitadas de arte y ensayo en medio de un maremágnum de graffitis políticos, religiosos y amorosos con los que apenas nada tienen que ver. Porque esta es otra de las características que más rápidamente sobresalen en el movimiento: su condición profundamente apolítica. Entendiendo por política, claro está, la política de los partidos, es decir, la suprapolítica, la política de lo inmediato, la política que no afecta a la vida cotidiana de los jóvenes, la política que aparece en la prensa y la televisión. Y dejo aparte la radio porque precisamente la radio sí que es un aspecto que preocupa a estos jóvenes, sobre todo si es una radio tipo Radio Pica, desde su ilegalización uno de los temas más tratados por los pintores de plantillas: denuncias –

Radio Pica clausurada SOS. Milers de joves incomunicats

- proclamas -

86.6 FM. Ràdio Pica. Anys de resistencia

-, campañas de ayuda incluso –

Cassetes d’ajuda Ràio P.I.C.A en venda, Susie, A.Francisco Giner 29, Gràcia

-. Pero es que Radio Pica es como el rock, o el cómic, o la publicidad, o la tipografía del graffiti neoyorquino, si se quiere ideología, pero ante todo cotidianeidad, medio ambiente, vida.

Hoy por hoy, la plantilla ha renacido en Barcelona.

La política corre a cargo de los graffitis clásicos, hechos a la carrera, temerosos, huidizos, inmediatos, los graffitis que siguen clamando la libertad de los presos, la derogación de la ley antiterrorista, la brutalidad de las fuerzas represoras del orden, serios, concisos, austeros, apenas algún atisbo de ironía, siquiera sea rimada –Año Nuevo si, Barrio Nuevo no-. Graffitis éstos de hoy, ayer y de siempre. El graffiti utilizado pragmático no sabe de las tentaciones del arte, de la estética, de la calidad. Como tampoco saben de ellas las kilométricas inscripciones religiosas, mormónica a cubo y brocha, todas isomorfas, todas anodinas, todas inflexibles. Si haces lo que manda la Biblia, te salvas, si no vas al fuego eterno. Algún que otro graffiti a rotulador hay de índole política, pero de nuevo afectando a al inmediatez de la vida cotidiana: Los mismos fachas, las mismas chupas.

Las pintadas de los graffitis de plantilla y rotulador son exclamaciones de vitalidad, afirmaciones de presencia, huellas dactilares dejadas a propósito, la marca de la banda, el rastro del individuo. Y mucha zumba –Si su hijo no kome, k se lo koma el lobo, mensaje de Nutrepax-, y El Coco. Y esto en la imagen, en el texto, en el grafismo, en el idioma incluso, un catanglish repleto de equis y kas. –Donat kanya. La junta-.

En este sentido, un poco el grito de guerra de toda esta movida serían inscripciones como Graffiti moda al carrer o Prohibit fixar cartells, en las que ambas afirman en el fondo exactamente lo mismo, bien que por caminos contrapuestos, una la vía directa de la claridad, el camino tortuoso de la reticencia la otra. Y en común, lo que defienden, lo que exigen, lo que a fin de cuentas practican es la conquista de la calle, la reconquista de la calle. Y quien dice la calle en la cultura juvenil contemporánea, evidentemente dice el Metro, ya se sabe. La calle, el Metro, en fin, la vida cotidiana, incorporarse a ella de un modo siquiera sea simbólico, metafórico. Ir dejando sus tarjetas de identidad colgadas de los muros, entre el narcisismo y la magia poética, entre la afrenta y el arte, entre la suciedad y el embellecimiento. Graffiti, moda, prohibir lo prohibido, flitar, conceptos y acciones que al cabo componen una fórmula casi matemática para entender una parte de la juventud actual, a la vez alejada y enraizada en la generación precedente. Esforzadamente alejada, que ahí tiene uno de sus valores máximos, ser diferente, como todas, como siempre. A pesar d todo enraizada, que tampoco sería posible de otro modo. Más allá de toda modernidad, pero asimismo al margen de toda postmodernidad de manual, ni dentro ni fuera, sabios e ignorantes, ¿artistas?, pintan, escriben, firman, flitan su vida, sus sueños, sus realidades.

' Suciedad, todo eso de los graffitis, de las pintadas de pared, no es otra cosa que suciedad.'

Vitalidad, inmediatez y calidad, una encomiable calidad, una atención más que notable por los aspectos técnicos, compositivos, creativos al fin. Uso de una gama no muy amplia de colores, pero en cualquier caso no limitada tan sólo al clásico blanco y negro, viéndose así con una cierta normalidad rojos, azules, verdes, amarillos, dorados y plateados. Y variedad de tamaños, aunque en general suelen ser pequeños, estándares, tipo Din A-4. Y diversidad de metodologías, pues en alguna ocasión se ha experimentado con rodillos y brochas. Y diferentes lenguajes, si bien en esta área el cómic y el diseño gráfico imperan sin lugar a dudas, aunque con norias referencias plásticas, pictóricas. Gusto, cuidado y esmero, sentido de la composición y estética son otros tantos factores que caracterizan este mundo de flitadas, de pinturas a plantilla, en las que se lucha para evitar los goterones y las salpicaduras, en las que todo está pensado y muy pensado de antemano, en la que se investigan materiales, soportes, técnicas y procedimientos cual si de obras de arte, ¿arte?, se tratara.

Otra historia es oír las opiniones de los tenderos, y las amas de casa, y los jubilados, y los administrativos, que entonces la cosa se diversifica. La realidad es que los hay de todo tipo, si bien a primer golpe puede parecer que predominen las posiciones negativas. Y en cierto modo es así, porque son las más contundentes. Suciedad, todo eso de los graffitis, de las pintadas de pared, no es otra cosa que suciedad. Y hay que limpiarla, el Ayuntamiento tiene que limpiarla. Suciedad a secas, nada de pintura, ni mucho menos de arte, ¡por Dios, arte! Luego, talvez razonarán que sí. Que es cierto, que hay algunas que… en fin, pero no muchas. Y, sobre todo, que bien podrían hacerlas en otro sitio y de otra manera, no en las paredes. El problema, al igual que en tiempos de los graffitis contraculturales, radica fundamentalmente en la pared, es decir, en la calle. Lo que desazona, irrita, molesta, es el hecho de que se infringe una norma casi divina: no hacer nada personal en la calle. Ni tan siquiera pintar, ni dibujar, ni escribir. Y mucho menos de noche, evidentemente.

(..) Las premia exponiéndolas en las galerías de arte (..) Pero a la vez las reprime, multando su práctica, (...)

Entre la legalidad y la prohibición, el graffiti en todas sus manifestaciones, y en el caso que nos ocupa el de la plantilla, vive en estos momentos una situación delirante, fiel reflejo en buena medida de la crisis del arte, ¿arte? Porque la misma sociedad, a la vez y por los mismos canales, condena y premia las flitadas. Las premia exponiéndolas en las galerías de arte de vanguardia, publicándolas en revistas, haciendo reportajes televisivos a propósito suyo, organizando muestras oficiales incluso, y al decir oficiales, estoy pensando en términos de diputaciones, ayuntamientos, entidades bancarias, etc. Pero a la vez las reprime, multando su práctica, borrándolas, persiguiendo en cierto modo a sus autores. Situación esquizofrénica ésta que, insisto en la idea, no hace sino extrapolar la situación existente en estos momentos en el mundo del llamado arte.

Rock, cómic, mucho cómic, rollo, chungo, claro, heavy, de todo tipo de cómic, de publicidad, y también bares, que en el panorama trazado hasta el momento faltaba el eje, el núcleo, el epicentro. Bares que, a su vez, van asimilando la estética de las plantillas y empiezan ya a introducirlas en la decoración de sus interiores, un proceso de normalización absolutamente comprensible que tiene también otros paralelos más alejados, si bien no menos lógicos en el campo del diseño y la moda. Y es que no hay que olvidar que las plantillas han sido desde decenios patrimonio casi exclusivo del ámbito textil y de otros pintores decorativos. Plantillas con las que ha pintado la mitad, por no decir todas, las escaleras bien y no tan bien de Barcelona. Plantillas con las que se han hecho todos los rótulos públicos, y las inscripciones, y los etiquetajes, y las enseñas. Plantillas textiles y ornamentales que habían caído en un cierto abandono, superadas por otras técnicas más modernas, y que ahora van regresando a un primer plano de la mano de esos jóvenes lobos nocturnos, aulladores, poéticos, los Trepax, DFR, Örfes, Spid the Kid, B.A. Secció Gràfica, Chusma, Fierro, Anarkotics, Graph, Kaspa, Kukufrutus, etc.

Hacer, ¿pintar? Graffitis para que la gente vea sus obras, sus dibujos, sus cosas, y hacerlo bien, lo mejor posible, ésta es la consigna, ésta es la razón. Plantillas que son emblemas, que son sueños, que son vida, lo cual es como decir el cómic, el rock, la publicidad, y de nuevo volvemos a lo mismo. Plantillas sinceras, transparentes, en este sentido, que enseñan de donde proceden, y lo enseñan abiertamente; más aún, quiero enseñarlo. Y bien claro. Plantillas, graffitis, flitadas que más que hacía el arte, eso que se denomina arte, a menudo parece que va hacia el diseño de superficies, es decir, que vuelve hacia el diseño de superficies, sean estas camisetas, carrocerías o incluso paredes.

Hoy por hoy, la plantilla ha renacido en Barcelona, en Gràcia sobre todo, nocturna, marginal, joven. Su futuro entre el arte, el diseño o la simple desaparición, se está gestando todavía, incierto, oscuro, pues el poder de las modas es tan aleatorio como absoluto. De momento, por lo menos, nos queda el placer de pasear.

Artículo de la revista BMM (Barcelona Metròpoli Mediterània) Nº 4. Abril-junio 1987.

Autor: Joaquim Dols

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